Por Gabriela Gómez.
Desobedientes y recuperados. Dos caras de la herencia del terrorismo de Estado, el libro de Daniel Gatti, resuena en la mente como el ensayo Apocalípticos e integrados de Umberto Eco, sobre las mass media y la supuesta gran rivalidad o diferencia frente a este fenómeno, entre los adaptados a una nueva cultura visual y artística y los apocalípticos que lo veían como un gran atraso cultural.
En el caso del libro de Daniel Gatti (periodista, durante ocho años fue jefe de redacción de Brecha, actualmente es editor de la sección Internacional), el tema que trata no es tan teórico, sino que –como todo lo que tiene que ver con los desaparecidos en dictadura– trae consigo inevitablemente mucho sufrimiento y crueldad marcada en los cuerpos. Pero sí se refiere a dos supuestos “bandos”, de víctimas y victimarios, separados por una ideología, que en segundas o terceras generaciones, o más lejos aún, logran unirse y tener un objetivo común.
El origen de este libro, que se debate entre un relato documental y uno policial –por momentos– fue la idea de confrontar las visiones de los protagonistas a partir de otro hecho histórico sucedido en Buenos Aires: la aparición de la nieta 129, recuperada por las Abuelas de Plaza de Mayo. Lo que en un principio pretendía manifestarse como un diálogo intrafamiliar –y a raíz de la consolidación en nuestro país de un colectivo que ya tenía a sus representantes en Argentina y en otros países de la región– ese proyecto tomó otro rumbo e hizo visible una serie de testimonios que estaban sin documentar: el de los hijos y las hijas de los represores.
Esta nueva mirada sobre el asunto dio lugar a un diálogo entre los protagonistas contando los hechos con la perspectivas y vivencias de ambas partes que venían a “aportar una pieza al rompecabezas de los daños causados por las dictaduras”.
La memoria suele ser frágil y una de las formas de preservarla es contar los hechos ocurridos. Pero sobre todo aquellos que han sido y serán el origen del dolor intrafamiliar. Este libro hace eso: ingresa en ciertas anécdotas intrafamiliares que, aunque resultan muy crueles, van destramando un tejido del que solo conocemos lo superficial.
El grupo Historias Desobedientes surgió en Argentina en 2017, desde los familiares de la represión, para repudiarlos y denunciarlos. Su primer nombre fue Hijas, porque solamente lo integraban mujeres que habían decidido agruparse para repudiar a sus padres, denunciarlos y contribuir a los casos de desapariciones forzadas.
En nuestro país, más discreto, los casos no son tan públicos. Recién cuando murieron los represores, sus familiares pudieron liberarse de esa carga tan pesada y hacer un repudio público.
Las distintas historias que se cuentan en este libro, en casi todos los casos, son historias familiares con todos los ingredientes posibles, se pasa del dolor a un espacio de ficción o de intromisión en una región donde el dolor no era pertenencia de una sola de las partes.
Desobedientes y Recuperados. Las dos caras de la herencia del terrorismo del Estado. Daniel Gatti. Editorial Fin de Siglo. 173 págs. 2025.
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