Demoledor regreso de la Fernández Fierro

Tango magmático

Para el término magma se anota lo siguiente en el diccionario de la Real Academia Española: “Masa ígnea en fusión existente en el interior de la Tierra, que se consolida por enfriamiento”. Si se acepta el uso metafórico de este término, esta definición formal aceptaría algunas excepciones, particularmente en su segunda parte (“que se consolida por enfriamiento”). Una de estas excepciones es, desde el año 2001, la muy porteña OTFF Doce músicos en escena (con sección de cuerdas, bandoneones, piano y flor de cantor), gestión cooperativa de espectáculos y ediciones, una discografía con seis títulos, y un planteo estético que a esta altura de su carrera ya se salteó las tensiones entre géneros, dinamitó los límites del tango y se afirmó con una potente e indiscutible identidad: la OTFF es la OTFF, y no se parece a nada conocido.

Esta introducción viene a cuento de la última presentación de este numeroso combo en la sala principal del Auditorio Adela Reta del Sodre, que abrió la gira internacional de presentación del último disco, lanzado este año con el título Tics (Tan idiotas como siempre): un show que equilibró lo previsible (la OTFF suena así: como un magma incontenible); y lo novedoso: el nuevo repertorio y los ajustes en la concepción sonora y escénica del espectáculo. A los bifes.

Aplastante

Tanto en el nuevo disco (Tics) como en el show, la orquesta juega todas sus fichas a la descarga expresiva. Desde la primera pieza hasta la última (más los generosos bises: “Como la Fernández Fierro es independiente se va cuando quiere”, le espetó al público Yuri Venturin, contrabajista y director, cuando el espectáculo ya estaba por terminar), un agitado magma sonoro fue moldeándose a través de texturas orquestales densas, por momentos violentas y, en otros, de una transparencia sutil, e interpelando al público con intensos climas expresivos (dolor, desgarro, euforia, lirismo) y surtidas referencias urbanas (la ciudad nocturna, el tránsito, los estadios, puentes, personajes marginales). La actitud escénica, que para algunos cronistas se asimila a la de una banda de rock, ensambla con el trabajo musical y poético, y se articula en el descaro y la ruptura de los clisés acartonados de las clásicas orquestas típicas.

El sello de la legendaria orquesta de Osvaldo Pugliese que se apreciaba en los inicios de la OTFF ya cedió el lugar a un complejo de signos absolutamente personales. Una de las marcas más notorias es el uso (casi constante) de los pedales y ostinatos que, desde los registros más graves, apuntalan una estructura orquestal enmarañada, incluso percusiva, que en las piezas cantadas adquiere una gran independencia y a la vez concentra una atención especial al vuelo interpretativo del cantante Walter Chino Laborde, que desborda energía, soltura y carga dramática.

Si bien este espectáculo está en proceso de armado (todavía tiene algunas desprolijidades menores), ya tiene todos las condiciones para equipararse a las performances que acompañaron algunos discos anteriores, como Mucha mierda (2006) y Fernández Fierro (2009).

Del nuevo repertorio hay varias composiciones que merecen estar en el playlist del escucha atento: ‘Sierpe’, ‘Puente Pueyrredón’, ‘Desierto’. Y si se tienen las ediciones anteriores, vale la pena sumar títulos como el meddley ‘Buenos Aires hora 0 / Las luces del estadio’ (Astor Piazzolla / Jaime Roos / Raúl Castro), ‘011’, dos tracks de Mucha mierda; ‘Bluses de Boedo’, ‘Azucena alcoba’, ‘Una larga noche’ (de Chabuca Granda) del disco Fernández Fierro.

Mención aparte

Pocas veces puede decirse que el grupo o el solista que oficia de telonero se empata en calidad con el show extranjero principal. Pero la performance de El Cuarteto del Amor en esta actuación de la OTFF es digna de destacarse.

Entraron tocando por uno de los laterales de la gran sala Eduardo Fabini, recorrieron uno de los pasillos de la platea, se instalaron en el escenario, y, de taquito, con una soltura muy disfrutable, una musicalidad desbordante, atraparon al público y cosecharon la ovación después de la última canción. Se trata de un grupo de jóvenes músicos encabezados por Andrés Lazaroff (hijo de una figura emblemática de la canción popular local: Jorge Lazaroff), que apuestan a canciones simples, inteligentes, condimentadas por tópicos amorosos y un gesto interpretativo que aúna el humor y las tradiciones musicales callejeras (como la de la serenata).

Orquesta Típica Fernández Fierro.
Lugar: Auditorio Nacional del Sodre.
Fecha: sábado 15 de junio, 21.30.