Una delicada y alada Sílfide

620x349_imageOtra gran producción del BNS

La obra que dio origen al ballet romántico, La Sílfide, fue la elegida por el maestro Julio Bocca, director artístico del Ballet Nacional Sodre (BNS), para inaugurar la temporada 2013 que nuevamente arrancó en el Auditorio Nacional Adela Reta con localidades agotadas.

La elección de Bocca es interesante por varios motivos, pero fundamentalmente porque La Sílfide es la pieza clave del Romanticismo, creada por Philippe Taglioni para su hija María Taglioni y estrenada en 1832 en la Ópera de París. También porque en su momento La Sílfide significó una pequeña revolución en el universo de la danza clásica, pautada de allí en más por el uso de zapatillas de punta de satén –creadas por Taglioni para su hija–, que permitían a la bailarina elevarse unos centímetros extra por encima del piso y lucir más ingrávida y etérea que de costumbre.

Desde ese entonces, La Sílfide ha sido representada innumerables veces por compañías de todo el mundo. A su modo, la puesta en escena de este ballet en dos actos (al que no le falta mucho para cumplir los 200 años) viene a representar otra pequeña revolución: la encarada por el BNS y su director artístico que con producciones de este calibre está ensanchando el repertorio de la compañía, elevando el nivel de los bailarines pero, sobre todo, aportando al desarrollo de una cultura balletística que había quedado trunca en la trágica mañana de setiembre de 1971, cuando el viejo auditorio del Sodre se prendió fuego.

Más ilusión

Lo primero que llama la atención una vez que se levanta el telón es la majestuosidad de la escenografía. En el primer acto se recrea el interior de una palaciega casa de campo escocesa, con sus techos abovedados y ventanales de medio punto. Allí el joven James, notablemente interpretado por el bailarín español Ciro Tamayo, recientemente incorporado al elenco del Sodre, está a punto de casarse con su prometida Effie (Ariele Gomes) cuando una delicada Sílfide (María Riccetto) que sólo él puede ver aparece en la ventana y lo mueve al enamoramiento.

El rol principal requiere estilo pero también expresividad, actuación, gracia, armonía y esa cualidad mística, evanescente, no carnal, etérea, que Riccetto interpreta a la perfección. La Sílfide está todo el tiempo huyendo de James y evadiéndolo como jugando, cada vez que él quiere acercársele. Es en medio de ese juego que el joven pierde la cabeza y decide dejarlo todo –prometida incluida– y huir al mundo de la fantasía (siguiendo una de las principales premisas románticas) tras la Sílfide que es su sueño.

El segundo acto (un acto blanco) tiene lugar enteramente en el bosque, recreado con otro magnífico escenario. Allí se produce el desenlace, cuando James, tratando de capturar a su evasiva amada, le tira encima un velo que le había entregado la bruja Madge, sin saber que de esa manera la mata, porque la Sílfide no puede ser nunca una mujer real. Para colmo de males, el desdichado James ve cómo su prometida se va con otro. Ante la imposibilidad de hacer real su sueño, James muere.

Lo más impactante de este ballet no es su argumento, sino su historia, lo que representa en el universo del ballet, el hecho de que por primera vez se haya podido ver en forma completa en Uruguay y, muy especialmente, la notable interpretación dada por el elenco del Sodre que lució más liviano, ensayado y sincronizado que nunca.

Conviene destacar la buena decisión de incluir a niños de la Escuela Nacional de Danza (END) para realizar los bailes folclóricos del primer acto. Otro acierto del BNS, que de esta forma permite seguir creciendo en el escenario no sólo a sus primeras figuras y cuerpo de baile sino ir fogueándose a las nuevas generaciones.

 

 

La Sílfide

Coreografía: Auguste Bournonville.
Elenco: Ballet Nacional del Sodre.
Maestro repositor: Frank Andersen.
Director: Julio Bocca.
Lugar: Auditorio Nacional Adela Reta. Mercedes y Andes.
Fecha: 14 de marzo (estreno).